Internacionales Politica

La tregua en Siria, un triunfo de la diplomacia rusa

Ejercito de Siria en Alepo
Ejercito de Siria en Alepo
Escrito por Debate Plural

Francisco Herranz (Sputniknews, 14-9-16) 

Rusia ha recuperado el pulso diplomático de antaño tras el acuerdo firmado en Ginebra con Estados Unidos que implica un alto el fuego en Siria y una subsiguiente campaña conjunta de ataques aéreos contra los dos principales grupos terroristas que actúan en ese país árabe diezmado por la guerra civil.

Si la tregua prospera, especialmente para permitir la entrada de ayuda humanitaria en la ciudad-mártir de Alepo, entonces Rusia volverá a ser considerada en Occidente una superpotencia en Oriente Medio, tal y como lo era la Unión Soviética hasta su desintegración en diciembre de 1991.

El pacto tiene como objetivo acabar con las huestes de Daesh (el autodenominado Estado Islámico) y del Frente Fatah al Sham (antes conocido como Frente al Nusra), dos grupos proscritos por la comunidad internacional. Se da la circunstancia de que ambas organizaciones son mutaciones o escisiones de Al Qaeda.

Quince horas estuvieron negociando Serguéi Lavrov y John Kerry. El jefe de la diplomacia rusa se mostró muy sonriente ante las cámaras; más que su colega estadounidense. El experimentado Lavrov estaba muy satisfecho del resultado final, pues comprende perfectamente las implicaciones que tiene el acuerdo para su país en el complicado tablero mundial. El éxito de las conversaciones también se ha debido, en gran medida, al buen talante personal que se ha ido gestando entre ambos dirigentes, a pesar de los profundos desencuentros estratégicos que los separan.

Lavrov se ha convertido en el máximo responsable de este importante triunfo diplomático ruso. Su estilo y su actitud han devenido en decisivos. Su reputación, su profesionalidad y su envidiable conocimiento del mundo de la política de Estados Unidos le han transformado en un activo imprescindible. A sus 66 años, Lavrov se ha fraguado un expediente formidable dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Tras estudiar en el prestigioso Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO, por sus siglas en ruso), Lavrov trabajó desde 1981 a 1988 en la representación soviética ante las Naciones Unidas de Nueva York. Regresó a su patria, donde ocupó cargos de responsabilidad hasta que, en 1994, fue nombrado embajador de la Federación Rusa en la ONU, puesto que ocupó durante 10 años consecutivos. En marzo de 2004, el presidente Vladímir Putin lo nombró ministro de Asuntos Exteriores, cuyas funciones ha venido desempeñando posteriormente con Dmitri Medvédev y, de nuevo, durante la segunda administración de Putin. Todo eso es una prueba fehaciente de su eficacia. De carácter decidido y con buen sentido del humor, su defensa de los intereses de Rusia le ha valido ser conocido en algunas cancillerías occidentales como el ‘ministro no’.

Entre los cinco documentos suscritos por Lavrov y por Kerry destaca la separación de la oposición siria de las organizaciones terroristas. No es casual que el líder diplomático ruso hiciera hincapié en ello cuando ofreció una conferencia de prensa y dijera que ese aspecto era en concreto una “prioridad clave”. ¿Qué significa eso exactamente? Que el presidente sirio, Bashar Asad, tendrá que cambiar de mentalidad, ya que hasta ahora Damasco consideraba terroristas a todos los grupos opositores.

Esa importante transformación, fruto de la influencia rusa, se plasmará en que la Fuerza Aérea siria tendrá que evitar atacar aquellas zonas controladas por unidades paramilitares del Ejército Libre Sirio o por las islamistas salafistas de Ahrar al Sham.

El delicado cese de las hostilidades arrancó el 12 de septiembre, coincidiendo con la celebración del Eid al Adha, la Fiesta del Sacrificio, una de las más importantes del calendario musulmán, cuando se conmemora comiendo cordero la voluntad de Ibrahim (Abraham) de ejecutar a su hijo por deseo de Dios. La ansiada calma supondría un alivio vital para la asediada localidad de Alepo, cuyos 250.000 habitantes andan escasos de agua y de combustible tras el fiasco de la tregua de febrero pasado.

Sin embargo, el aspecto más sorprendente e innovador del histórico pacto Rusia-EEUU lo representa la idea de crear un centro conjunto para coordinar los bombardeos aéreos. Ese mecanismo supone un grado de cooperación militar inusual desde hace mucho tiempo y debería convertirse en un punto de inflexión para terminar con la guerra civil siria.

El objetivo número uno de la operación se llama Daesh, mucho más débil que hace un año. Desde entonces, estos yihadistas extremos han ido cediendo territorio en todos sus frentes. Perdieron Palmira en Siria, así como Ramadi y Faluya en Irak. Y, más recientemente, se retiraron de dos aldeas fronterizas con Turquía, lo que tendrá sin dudas un efecto muy perjudicial para su nivel de reclutamiento exterior, pues por allí solían entrar clandestinamente los jóvenes occidentales que lograba captar su potente aparato publicitario. En todo caso, aunque el autoproclamado Estado Islámico está siendo duramente golpeado por unos y otros, aún está lejos el momento de su derrota completa. Todavía controla Al Raqa, su ‘capital’ siria. Tiene miles de combatientes fanáticos muy fogueados y dispuestos a morir. Y la amenaza de que perpetre nuevos atentados terroristas en Europa continúa siendo demasiado latente, lo que podría condicionar la agenda internacional.

Acerca del autor

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Dejar un comentario