Educacion Nacionales

El hostosianismo frente al practicismo nietzscheano

Eugenio Maria de Hostos
Eugenio Maria de Hostos
Escrito por Debate Plural

Eduardo García Michel (Diario Libre 24/2/2015) 

Según Luis F. Mejía, el tiranicidio de Lilís dio lugar a que bajo la influencia de las doctrinas de Hostos se incubara “una nueva generación de luchadores, pronta a iniciar vasta obra renovadora, que abominaba del peculado y la corrupción de la era lilisista y había roto con el dogmatismo religioso para proclamar el libre pensamiento… con el propósito de implantar un régimen absolutamente liberal…”

En su obra De Lilís a Trujillo el autor asegura que “ningún Presidente, en el periodo comprendido entre 1899 y 1930, se hizo culpable de peculado, ni valióse del mando para enriquecerse. Predicaban y seguían una conducta austera.”

A pesar de esa renovación moral e intelectual, reconoce que “ni en los tiempos en que hubo paz material y moral, entusiasmos creadores o recursos económicos, como en el primer gobierno de Jimenes, en el de Cáceres o en el último de Horacio Vásquez, se dedicó particular empeño a la enseñanza.”

Y cita varios ejemplos aleccionadores acerca del comportamiento moral de algunos representantes de la generación del 99.

Uno de ellos es el de Rafael Justino Castillo, quien “devolvió a Trujillo el nombramiento de presidente de la Suprema Corte de Justicia, porque había sido hecho extemporáneo e inconstitucionalmente, y se retiró a su hogar a extinguirse en medio de la mayor pobreza.”

El segundo es de Horacio Vásquez, quien “después de regresar del exilio… se negó a firmar la petición de la reelección de Trujillo. Citado, con el propósito de intimidarlo, ante las barras del Senado, a responder cargos de dilapidación de fondos públicos, dijo a la Comisión de Senadores: “compareceré a denunciar a quienes desgraciadamente robaron en mi Gobierno, Trujillo el primero de todos… La acusación fue abandonada…”

El autor saca la conclusión de que “los hombres del 99 recogieron al final de su carrera un penoso fracaso, al ver derrumbarse, como castillos de naipes, aquellas instituciones y normas que le fueron tan queridas, por cuya implantación lucharon toda su vida…”

La explicación que da a ese desenlace es que: “un grupo de hostosianos se había desviado de las doctrinas del Maestro, dando una interpretación groseramente materialista primero, para caer más tarde en un cínico nietzschismo, a la filosofía spenceriana que era el fundamento de la enseñanza racionalista… Mantenerse a flote en el medio y sacarle el mejor rendimiento posible, porque para ellos la patria es un potrero, es el propósito que los guía… estaban a la espera del superhombre nietzscheano, sin escrúpulos y liberado de toda moral, a cuya sombra pudieran llevar una vida cómoda y regalona..”

A pesar de ese resultado desalentador que fue producto de un conjunto de condiciones históricas que confluyeron en el tiempo, la generación del 99 intentó y produjo un cambio notable, una transformación como nunca antes se había visto.

Cambiando los tiempos y actores, transcurridos más de 50 años del ajusticiamiento del otro tirano, Trujillo, se percibe en el ambiente la existencia de un fuerte sentimiento de renovación moral que une a muchos dominicanos contra la práctica de la corrupción, clientelismo, uso abusivo de los recursos públicos, y que sueña con el fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Los principales escollos parecerían concentrarse en las estructuras y el liderazgo partidario, aunque existe la expectativa de que irrumpa en el seno de esas organizaciones una oleada renovadora que derribe las prácticas viciadas y plantee un proyecto de nación, cuyos puntos principales serían el afianzamiento de la nacionalidad, el imperio de las instituciones, y perseguir el desarrollo con medidas eficaces desprovistas del dañino populismo.

Cuando suceda, que ciertamente ocurrirá, podrá hablarse del surgimiento de una generación equiparable a la del 99, que impulsará el sistema democrático con sentido claro de dirección hacia una economía de mercado, orientada a diluir la pobreza, impulsar exponencialmente las exportaciones, el empleo y los ingresos, utilizando como herramienta el orden sustentado en la estructura jurídica, la rigurosidad en la aplicación de las normas, y la pulcritud en el manejo de los fondos públicos.

Por supuesto, que se requerirá el desarrollo de campañas mediáticas educativas para enseñar al pueblo, desde lo más simple hasta lo más complejo, que sustituya a la vacía propaganda de los últimos decenios. La base de todo es impulsar la educación de calidad, pero también orientar a la ciudadanía para que mejore su comportamiento cívico y dar lugar a las transformaciones que la sociedad necesita para convertirse en una nación dueña de su futuro e integrada competitivamente al escenario internacional.

 

Acerca del autor

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