Nacionales Politica

Una gramática de la desesperación política

Escrito por Debate Plural
Campaña política 2016

Campaña política 2016

Por: Odalís G. Pérez (Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo). 

Lo que ciertamente se hace visible y observable en el ecosistema electoral actual no es solo la abrumadora y abusadora campaña propiciada y pagada por el Estado-gobierno actual, a su favor, sino también su temor, su miedo a una posible sorpresa de la actual ciudadanía política dominicana.  A medida que se acerca el 15 de mayo la angustia del actual“imperio político” dominicano dominante crece, y dicho cuerpo gubernamental se desespera más, debido a la presencia que poco a poco va creciendo de manera silente y en muchos casos meditada.

Ya no se trata de un simple y conocido pugilato entre fuerzas de partidos contrarios, sino más bien de una consciencia que gradualmente se está conformando detrás de un telón que más retazos no le cabe.  Las voces silenciosas que callan pero observan, son más que aquellas que “pagadas” gritan detrás de una carroza que reparte dinero y malgasta los dineros del erario público para crear ilusiones de papel y futuro, en un país donde las propuestas del partido-gobierno dominante no cesan de mentir, neutralizar fuerzas opositoras y manejar una prensa llena de necesidades y de ganas de imponer el foco de triunfo del actual gobierno.

Se trata de una gramática artificial y artificiosa que hace de lo político y del actual cuerpo electoral una salida averiada, cuarteada y desviada que, sin reposo, activa los inenarrables modos de “parecer” y no ser del gobernante y la “gobernanza” actual.

Los términos políticos vaciados de su valor tradicional se convierten en arañas, tentáculos,  retratos, caras maquilladas, máscaras, sorpresas revestidas de palabras que solo conducen a la apropiación de todo aquello que está bajo la tutela gubernamental y estatal.

El ojo temeroso y asustado del Palacio Nacional mira desde un punto cuya genealogía y arqueología conocemos a través del discurso mismo, del Estado.  Principalmente de ese Estado-gobierno que se ha adueñado de una economía y una política sustentadas en términos viciosos y viciados por el tigueraje gubernamental que apesta cada vez que maniobra a través de sus acciones corrosivas y perversas.

Ahora bien, ¿contra quién, contra qué o contra quiénes lucha la ciudadanía desprotegida, abusada, amenazada y vulnerada en sus derechos públicos y privados en un presente electoral que más oscuro no puede ser?   Las estrategias políticas y electorales del partido-gobierno dominante se ensanchan desde un uso verbal prescriptivo, adjetivado y adverbializado en base a un pseudoprograma que altera el sistema ya descompuesto por sus núcleos institucionales y sus líneas torcidas, así como  por una línea de fuga, apropiación, pérdida de confianza y dinero marcadas por el relato de la sinrazón peledeísta.

El Estado-control y el gobierno-dictadura implementados como proyecto de una visión contaminante y putrefacta de los usos institucionales y electorales, reconstruyen las tácticas pasadas de una praxis corporativa de grupos que han perdido su identificación, su moral de clase y los conformantes de una mirada cada vez más sustentada en la corrupción, el negocio ilícito, el gasto adulterado y alterado, el endeudamiento económico dinamizado por el “malapaga” y el “me la paga”, conducen al país a un descentramiento económico y a la fabricación de una persona social alienada, absorbida como acción y participación democrática, enfrentada a sí misma como parte de una trama negadora de acciones que no provengan de la “santificación” del Estado-gobierno, pese a los esfuerzos que la actual maquinaria de cinismo, corrupción, confirmación electoral y política, espera furiosamente ilusionada el 15 de mayo próximo.

En efecto, la gramática del deseo arrimada a la gramática de la desesperación política, facilita los datos que son de dominio público, pero que el actual gobierno contamina para sacar ventajas electorales desposicionando a la oposición proveniente de fuerzas independientes y democráticas que amenazan con derrocar la dictadura de la mentira, la simulación y el despilfarro de los bienes del Estado enfrentados y cuestionados por voces contrarias a la sinrazón política del actual Estado-gobierno-partido.

Pero, ¿cómo se protege o intenta protegerse el actual equipo político, esto es, la actual tribu política en su “floreciente” reparto económico-político y en su memoria de inequidades, iniquidades y acciones aniquiladoras del sujeto público dominicano.  El diccionario electoralista dominicano ofrece datos fraseológicos que en el actual proceso enfrenta a las voces activas del demos-kratós que enfrentan, de una u otra manera, el discurso político de la desesperación electoral que no pierde la oportunidad para quebrar la democracia de las voces que inciden desde un ámbito político ocultado por la mayoría de informadores públicos del país.

Lo que se dice y escribe en la pantalla electoral y política de nuestros días es justamente lo que se desafirma como proyecto y contravalor en el marco de una gramática de la desesperación que atilda sobre  el nombre, el verbo, las oraciones activas y pasivas, el ya gastado adjetivo producto de su abrumador uso y el adverbio surgente de un contexto que determina las acciones, poses, niveles, posibilidades del sujeto, el comentario y las circunstancias del mismo.

Así, el ejemplo de fuerza justificado en el querer-ser, poder-ser, saber-ser, poder-saber-ser, decir, poder-decir, querer-poder-decir, saber-decir y poder-saber-decir, constituye un cuerpo de modalidades estratégicas utilizadas con, y, sin finalidad transformativa del actual sujeto en el presente conflicto de manipulaciones e interpretaciones del mundo dominicano de nuestro días.

Lo cierto es que asistimos, al día de hoy, a una manifestación de miedo y pánico, excitación y exaltación del querer-ser del gobierno, el gobernante y toda la tribu que quiere, desea y sueña la re-elección como medio y modo de prolongarse en la “cosa”  estatal y gubernamental, pero sobre todo, de adueñarse de una economía política del desastre social reinante en el páis.

 

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